Un transexual hace política en Cuba

“Yo como revolucionaria estoy dispuesta a llegar hasta allí si el país me necesita y los cubanos me eligen”.

Por Fernando Ravsberg

HAVANA TIMES — José Agustín Hernandez es en realidad Adela, la primera transexual que ocupa un cargo político en la historia de Cuba, fue elegida por sus vecinos como delegada, una especie de Concejal Municipal del Poder Popular.

Adela vive en el poblado de Caibarién, de la provincia de Villa Clara, en el centro-norte de la isla. Tras un año de ejercer su mandato aceptó una entrevista con Público para hacer un balance de su gestión.

Los delegados y diputados en Cuba no son políticos profesionales, viven de un trabajo normal y ejercen su mandato sin recibir dinero. Fue ese trabajo el que le dio muchos votos a Adela porque “soy enfermera con un postgrado de electrocardiograma y pertenezco al cuerpo de guardia. Normalmente me toca atender casos graves y trato de establecer una relación humana con los pacientes y sus familiares. Gracias a eso me ven como un ser humano también ellos a mí y se dan cuenta de que la preferencia sexual de cada uno no tiene importancia”.

Por elección popular, directa y secreta se convirtió en la representante política y administrativa de su barrio, “me toca atender la necesidad de mis más de 500 electores, pero además bajo mi responsabilidad tengo 2 bodegas en las que se venden los alimentos normados (subvencionados), una pescadería, un consultorio médico y 3 escuelas. He tenido bastante éxito si tienes en cuenta que hicimos 7 gestiones ante los organismos del Estado y todas han sido respondidas positivamente”, nos explica.

A chancletazos con la burocracia en Cuba

Dice Adela que “a otros delegados los directores de los organismos y empresas del Estado les responden a través de un secretario pero a mí me atienden personalmente porque saben que a me da igual apelar a cualquier nivel”.

Agrega que “cuando un dirigente me da una respuesta que no me convence no la doy como válida, me piden que se las firme pero me niego porque si a mí no me convencen menos a mis electores”. Y los dirigentes de aquí saben que “me da lo mismo ripiarme que quitarme la chancleta”, frase que en buen cubano significa algo así como que lo mismo puede conversar que formar un escándalo.

Uno de los conflictos fue con la empresa eléctrica por el alumbrado del Paseo Martí, “me decían que no había recursos y cuando les dije que apelaría a la capital de la provincia y a La Habana apareció todo lo que hacía falta.

No hace mucho un dirigente cerró el local donde se reunía la comunidad gay de Caibarién, decía que “por órdenes de arriba”. Así que empecé a subir averiguando quien había dado la orden, nunca di con el responsable pero el centro se reabrió”.

Cuenta que también le toca hacer gestiones con sus electores, labor social hacia la comunidad. “Por ejemplo, en mi zona hay una muchachita que es jinetera (prostituta) y quedó embarazada, como había riesgo se la trasladó a una clínica prenatal con buena alimentación y atención médica permanente. El problema es que ella se fue del centro y Salud Pública me pidió que tratara de convencerla para que regresara. Después de mucho hablar con paciencia y humanidad logré que volviera al hogar materno”.

De “maricón” ayer a política en la Cuba de hoy

Adela vive en un barrio marginal de Caibarien y, antes de ser delegada, fue presidenta de un Comité de Defensa de la Revolución durante 29 años. Siendo muy joven estuvo presa por sus preferencias sexuales, la denunció su propio padre, quien además la maltrataba “por maricón”.

Pero nada logró quebrarla, nos dice que “me tracé la meta de que nadie me pueda doblegar, que nadie pueda obligarme a hacer lo que yo no quiera. Yo soy un ser humano igual que cualquiera pero no me detengo frente a las dificultades, por el contrario, cada obstáculo me hace crecer y sentir más confianza en mí misma”.

“Estoy dispuesta a llegar a ser diputada de Cuba si el país me necesita y los cubanos me elige”

Y asegura que “nada pudo cambiar mis ideales, ni los maltratos, ni los insulto ni los golpes alteraron mis sentimientos hacia esta revolución. Yo no puedo seguir arrastrando rencores por mis sufrimientos porque todo país comete errores y Cuba los cometió con nosotros pero ha tenido la osadía de reconocerlo.

Ahora yo tengo el derecho de escoger como voy a vivir, a tal punto que dentro de poco tiempo me darán un nuevo carnet de identidad donde se me reconoce mujer”.

Mirando hacia el futuro nos explica que Cuba está cambiando mucho, tanto que “Mariela (Castro) ha dicho que un día no va a ser necesario el CENESEX (centro nacional de educación sexual que protege los derechos de la comunidad LGBT).

Yo también espero que eso suceda, que un día ya no sea necesario defender nuestros derechos. Y por ese camino es posible que “llegue a ser diputada depende de cómo evolucione en el puesto de delegada para ser candidata a la provincia y después ser propuesta para la Asamblea Nacional.”

Tomado de Cartasdesdecuba.com

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