Una isla retrógrada para el Papa de una iglesia homófoba

Por Isbel Díaz Torres

A unos pocos meses de la anunciada visita del Papa Francisco a Cuba, la isla le regala al sumo pontífice una nación donde las personas homosexuales continúan sin poder acceder a los derechos que emanan de una institución como el matrimonio.

Este 26 de junio la Corte Suprema de los EE.UU. afirmó la legalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo, y se sumó a los veinte países en cinco continentes que reconocen ese contrato entre dos adultos libres.

Tal suceso ha levantado olas de júbilo en los medios, a contrapelo de algunas élites católicas a nivel global, muy unidas en criterio con las élites gobernantes en esta isla caribeña, que se resisten a actualizar sus moralidades mientras sí actualizan sus agendas económicas.

Los rumores de un supuesto Código de Familia que ampararía uniones legales entre personas del mismo sexo (nunca leído realmente por ninguna de las activistas que conozco) se siguen presentado como una victoria para el público LGBT en la isla.

No obstante, a inicios de este año, el parlamento cubano, en respuesta a un reclamo del activista Jimmy Roque Martínez, aseguró que “la Asamblea Nacional del Poder Popular, hasta este momento, no ha recibido ningún anteproyecto de Código de Familia”.

De hecho, en estos momentos se cocina, de espaldas a la gente en Cuba, una nueva Constitución. Quien lidera ese proceso antidemocrático es quien preside la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional, Homero Acosta, un reconocido homófobo.

Si la nueva Ley de Leyes no cambia su definición de matrimonio ahora (unión entre un hombre y una mujer), después nos será casi imposible lograr cambiarlo.

Como vemos, Cuba se parece más a esos 14 estados del Sur y el Oeste Medio de Norteamérica (Georgia, Ohio, Texas, Arkansas, Michigan, Nebraska, Alabama, Kentucky, Louisiana, Missisipi, Missouri, Dakota del Norte, Dakota del Sur y Tennessee), con sus posturas conservadoras y hasta retrógradas en aspectos sociales básicos como el racismo; y se parece mucho menos a naciones hermanas como Argentina o México.

Sabemos que la Iglesia católica se opone al matrimonio homosexual, y es probable que eso no cambie bajo el reinado del Papa Francisco, quien imagino estará buscando aliados desesperadamente por el mundo, mientras la “furia gay” avanza en Facebook, Twitter, Google, y hasta en la Casa Blanca. Buenas nuevas encontrará en Cuba.

El líder católico dijo en enero en Filipinas que “La familia está amenazada por los esfuerzos crecientes de algunos por definir la institución del matrimonio”. ¿Y qué pasa con quienes amenazan a nuestras familias…?

¿Podremos las activistas LGBT cubanas irrumpir pacíficamente en la sosegada visita del Papa a la isla? ¿Podremos organizarnos y manifestarnos públicamente sin violencia? ¿Vendrán los “segurosos” de nuevo a detener arbitrariamente a los ciudadanos para garantizar las apacibles bodas entre el Estado y la Iglesia Católica?

¿A alguien se le ocurre algo que podamos hacer para decir al mundo que Cuba sigue sin garantizar estos derechos a las personas no heterosexuales? ¿Qué el Estado organiza censos homófobos? ¿Qué todavía hay quienes pierden su casa cuando fallece su pareja del mismo sexo? ¿Qué nuestros niños y niñas sufren una educación heterosexista en el sistema educacional cubano? ¿Que los nuevos negocios privados como el KingBar ejercen la discriminación basados en el “derecho de admisión reservado”?

Ningún matrimonio detenta el poder de la emancipación ni contiene en sí todos los derechos deseables; pero mientras conquistamos una sociedad verdaderamente justa, nuestras amigas, nuestras familias, nuestros hijos, tienen derecho a un mínimo de seguridad.

Saludo el triunfo de la comunidad LGBT estadounidense. Ojalá la autocomplacencia no les ciegue y miren ahora a otros estigmatizados (emigrantes, afrodescendientes, mujeres, vegetarianos, pobres, obreros…).

La confluencia es vital.

Ahora; los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, gente Queer en Cuba ¿haremos algo por nosotras mismas? ¿Alzaremos nuestras voces?

Tomado de HAVANA TIMES

Acerca de proyectoarcoiris

este es un proyecto para promover la visibilidad de la comunidad LGBTQ de Cuba.
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