Contra la homofobia, el periodismo tendencioso y otros demonios

Por Ulises Padrón Suárez

18 de agosto – La descacharrante homofobia de Noel Manzanares Blanco deja estupefacto a todo aquel que quiere discernir entre los matices de la (blog)esfera pública cubana. Su defensa a ultranza de los derechos heterosexuales, con hilarante e insólida argumentación, produce triste y seria preocupación. La intolerancia, que emana de sus textos, devela una línea ultraconservadora setentera, fundamentada entre nosotros por lamentables eventos históricos que, como la UMAP, la parametración post 71 o las sorpresivas recogidas en las céntricas avenidas de la capital, son episodios de indeleble homofobia y han dejado un sabor amargo en el devenir de las luchas por los derechos LGBTI, o al menos, batallar para que no se repitan hechos tan dolorosos. Estas y otras remembranzas pueden ser los próximos cantos de sirenas de resucitados Pavón o Leopoldo Ávila, si dejamos el paso libre a comentarios de esta naturaleza.

En extenso artículo, del 30 de mayo del año en curso, “Cuba: Contra la homofobia ¿y la heterosexualidad?”, Manzanares cuestiona la acogida del pueblo cubano de la marcha tunera por la diversidad. Como buen inquisidor, su obtusa visión solo ve impostura y vaciedad, en donde un pueblo (cubano, sí) acoge la Jornada cubana contra la homofobia en la tierra de Vicente García. Los diferentes correlatos de la historia cubana no se opacan entre sí, como deseara Manzanares, la relevancia parte de circunstancias coyunturales. Por ello, las históricas marchas del 1ro. de Mayo cumplen una función social y política otra, no muy alejadas de los anhelos de justicia social que conmueven al movimiento cubano LGBTI. Su dilatado trabajo periodístico rezuma terror y pánico por algunas de sus “meditaciones” que desencadenan su cólera machista. Según su postura, los medios “exageran” y “estimulan” las prácticas homosexuales. Tan fervoroso comentarista des oye la voluntad política del PCC y del gobierno cubano, expresada en los Lineamientos de esta organización y los compromisos internacionales en que Cuba se ha suscrito desde los 90 hasta la fecha. Para él, es injustificado e innecesario el espacio mediático del tema LGBTI en nuestro panorama, obtenido tras la celebración del 17 de Mayo, como la aproximación actualizada de especialistas que, desde sus “verdades absolutas”, despatologizan la homosexualidad y proponen procesos de integración social que trasciendan las estructuras heteronormativas de Cuba. No es solamente, no calificar de enfermas a personas que sienten atracción erótica por su mismo sexo, sino también extender derechos ciudadanos, desde la integración y la no discriminación.

Confieso que nunca antes había leído un texto cuyo lenguaje, tan agresivo e irrespetuoso, atacase a la comunidad LGBTI, con la misma prepotencia que a sus hetero-lectores. Además desconoce, al menos a profundidad, la conformación de la nacionalidad cubana y su proyección plural e inclusiva. Martí, Gómez, Maceo en el siglo XIX, a pesar de sus diferencias estaban abocados a defender la idea de la Nación cubana “con todos y para el bien de todos”. La proyección ideológica martiana ha sobrevivido por su vocación humanista y es eje central de las reelaboraciones nacionalistas, productos de los procesos sociopolíticos de la República. Villena, Mella, Guiteras, Roa, Marinello, el propio Fidel Castro, entre muchísimos otros, han imaginado la Nación como constructo de humanidad, en el sentido en que Martí apelaba a la concepción de Patria. La trascendencia de Cintio Vitier, que Ud. cita, en consonancia con su alta calidad como poeta y ensayista, es que supo reu nir en Ese sol del mundo moral, los signos de insularidad, como eticidad creadora de lo nacional, en Martí, Lezama y Fidel Castro, entre otros. Los derechos de las personas LGBTI no arremeten contra los derechos de las personas heterosexuales, ni son exclusivos de una comunidad o minorías. El ejercicio de la ciudadanía no es una opción, ni se debe a la voluntad de unos pocos, ni mucho menos a los derechos absolutos de las mayorías, sino es el enaltecimiento de la dignidad de las personas con independencia del color de la piel, orientación sexual, identidad de género, clase social, extracción regional, cultural o religiosa. Es el arte de la convivencia y el respeto a pesar de las diferencias de todo tipo.

Las instituciones cubanas heteronormativas y patriarcales, que no son solo jurídicas, prohíben a dos personas que por su misma orientación sexual no puedan legalizar su amor o adoptar a un o una infante. Se les prohíbe, en esencia, formar una familia. La cuestión del cuerpo, afirman las feministas, es de incumbencia cabal de la política. Es imposible que “cada quien haga con su vida sexual lo que mejor desee”, cuando en el espacio público se condena o gocen del reconocimiento legal de su amor, amparado solo para relaciones heterosexuales; que una persona, en plena facultad mental, porte atributos del género opuesto en la vía pública, o no pueda ejercer una carrera, profesión u oficio por su orientación sexual e identidad de género, aunque por ley la discriminación por sexo, género u orientación sexual está penalizada. Entonces es discordante su discurso cuando hay personas laceradas por estas incongruencias. Desde luego, en los casos anteriores los d erechos de los heterosexuales quedan protegidos, las leyes e instituciones sociales cubanas, hic et nunc, están orientadas para salvaguardar sus intereses, sin que se lesione su dignidad e integridad moral. Sin embargo, sabemos también por las feministas que debemos ser cuidadosos y nuestros análisis multidimensionales pues es fácil pecar cuando hablamos de individualidades y su interacción social y política. Pero esto para Manzanares no es un problema, él es acérrimo defensor de las mayorías.

Al parecer el articulista ignora que la reproducción humana, como una de las múltiples esferas de la sexualidad, es tangencial a la cuestión biológica que la transversaliza pero no se detiene en ella. Hay otros aspectos de la vida y la salud sexual humanas presentes en el desarrollo del individuo. Lo endeble de sus sacras defensas, que rozan con la histeria y la bullanguería vocinglera, machista y ramplona del que solo monologa, es incapaz de lograr adeptos. Ni la diputada Mariela Castro, el Reverendo Raúl Suarez o Ulises Guilarte de Nacimiento, Secretario General de la CTC, personalidades a las que apela en reiteradas ocasiones, pueden parcializarse con su visión heterosexista de la Nación, pues intenta suprimir el derecho de un grupo social humano, cuyas libertades quiere despojar de un plumazo.

Mi Cayito ¿playa gay?

Mi Cayito es una zona turística descomercializada de Bocaciega pero, en esencia, significa una pequeña (ínfima) fracción de costa en relación con otros balnearios más grandes como Bacuranao, Tarará o el Mégano. El enfado del periodista Manzanares, derivado de la transposición sémica (Cuba-playa-homosexualidad), resulta epidérmico y sus interpelaciones superfluas al interrogar por el derecho de las personas heterosexuales a asistir a este litoral, cuando en la Constitución queda explicito que los(as) cubanos(as) tenemos libre movilidad por el territorio nacional. Su indignación desmesurada se acrecienta cuando una agencia madrileña online que prepara viajes a la Isla decide, como argucia de marketing para vender su paquete, nombrarse Mi Cayito. El debate que, en este sentido, ha mal orientado Manzanares hacia el derecho de los heterosexuales, coloca en otra dirección cuestiones más complejas con un costo mayor e irreversible a largo plazo. La triada mercado, políticas de la diferencia y espacio social, deben ser administrados sus flujos y competencia, pues podría desencadenar, al margen de procesos de movilización y empoderamiento al interior de la comunidad LGBTI, elementos de exclusión y fácil reproducción, sustentados en la capacidad monetaria de las personas sin importar orientación sexual. La versatilidad del mercado para reinventar la oferta de manera atractiva, indiferente la producción y significación simbólica en los espacios insertados, pudiera retardar o simplificar procesos complejos en nuestro panorama.

Paralelo a ello, la refutación al temor homofóbico (justificado el pleonasmo) la da nuestra Constitución, como antes he citado, o cuando el gobierno revolucionario nacionalizó todas las playas del país y los clubes sociales para que pobres y negros pudieran disfrutar de los mismos espacios que eran detentados por la burguesía. Esta sarta de improperios lo lleva a olvidar que las personas no se autodiscriminan, sino son discriminadas en un sistema de relaciones asimétricas de poder por quienes controlan hegemónicamente los recursos, instituciones sociales y la (re)producción de imaginarios. O ¿cómo es posible explicarse que en Cuba, desde 1959, el Estado revolucionario haya velado constitucionalmente por los intereses de piel negra y, a estas alturas, en pleno siglo XXI, la segregación por color de la piel es plausible en nuestro panorama social? Acaso obvia que la segregación, como proyecto histórico, elabora desde lo social, lo político, la clase, la distri bución de las riquezas y la cultura, los elementos propicios que someten a los sujetos en un juego telúrico de interrelaciones cuyo objetivo es invisibilizar, localizar, detener la movilidad social y cercenar la autonomía individual y social (en torno a las cuestiones raciales lo invito a leer a Roberto Zurbano, Esteban Morales y Zuleica Romay, entre otros).

La cuestión de la diversidad sexopolítica, la que permite que se creen espacios como Mi Cayito, se celebren alrededor del 17 de mayo las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia, y activistas LGBTI y heterosexuales apelen al Parlamento nacional por la inclusión de la identidad de género en el Código del Trabajo (2014), es un tema que merece del diálogo y la relevancia de nuestros decisores para la gestión de políticas públicas, se inserte en los debates de la identidad nacional y consolide los presupuestos de una Cuba otra, no desde la otredad marginante y marginada, sino desde la transformación de los paradigmas sociales y humanistas del socialismo.

En Cuba, se están discutiendo cuestiones más profundas que la nominación de una agencia de viajes. En juego está la democracia, los principios y logros de la Revolución; así como los ejes ideológicos del socialismo cubano, en el marco de la reorganización del sistema-mundo (ampliación del Canal de Panamá, construcción del megapuerto del Mariel y de un nuevo canal en Nicaragua, mayor compactación política regional frente a EE.UU, reconocido por el presidente Barack Obama en la Cumbre de las Américas) y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los EE.UU, luego de más de medio siglo años de hostilidad y de embargo/bloqueo económico. La subversión de la errada política de “aislamiento” signada, a todas luces, por la exportación de un modelo de democracia neoliberal que ha evidenciado sus fallas sistémicas, sobre todo en países subdesarrollados, productos del incremento desigual de las riquezas entre ricos y pobres y sobrexplotación del ecosistema, fundamentalmente, merece especial atención pues el debate de la nación debe ser ante todo inclusivo y dialogar con los diferentes actores sociales. Los derechos de los heterosexuales, como los de las personas LGBTI, están en peligro, porque lo que está en peligro es, precisamente, la raza humana. La complejidad de las circunstancias actuales amenaza con invisibilizar a nombre de la Nación, las conquistas de grupos sociales y las luchas de activistas cívicos por las garantías de una Cuba mejor. En este escenario hablar de derechos de los heterosexuales, no solo es irresponsable, sino alienta la enajenación de la pluralidad en el debate público.

Hacia 1930, la sociedad Habana Yacht Club prestaba sus instalaciones para las competencias de natación en los Juegos Centroamericanos del mismo año. De igual modo negó la entrada a los negros, pues alegaba que deseaban entrar a la casa principal y a la playa. Mientras el club social más elitista, conservador, heterosexual y racista de la Cuba republicana restringía el uso de su sede a un sector social importante, los negros, se produjo un interesante debate que discutía la inoperancia constitucional para resguardar la igualdad en una sociedad racista. Basado en “su” derecho hegemónico, el mismo que reclama para los heterosexuales, la mayoría negra era discriminada. Como puede observarse, es fácil reproducir la segregación y la exclusión a grupos estigmatizados por cualquier índole y no se detiene si son mayorías o no, ya de eso hay bastantes ejemplos, solo es necesario detentar poder y arrogarse el derecho de superioridad. Hoy, Manzanares reclama el derech o o el privilegio de los heterosexuales en detrimento de las libertades alcanzadas, o por alcanzar, de los grupos LGBTI. Desde esta perspectiva, me interrogo lo siguiente: ¿Cómo se puede construir una Nación en la inequidad, en la arrogancia y en la estrechez del “aldeano vanidoso”? ¿Cómo se puede (re)pensar la Isla, si se ignora la diversidad de agentes políticos, culturales y sexuales? Mientras Ud. monologa, yo intentaré dialogar por el futuro de Cuba.

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Acerca de proyectoarcoiris

este es un proyecto para promover la visibilidad de la comunidad LGBTQ de Cuba.
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