Propuesta de inclusión de un curso de Óptica Aplicada

…al programa de aquellas carreras universitarias que presupongan el ejercicio de la crítica. Informe con una efeméride, cien partes en binario y n=7

Por Yasmín S. Portales Machado

Efeméride:

Hoy es el cumpleaños de Kristanna Sommer Loken (Columbia, 8 de octubre de 1979), actriz estadounidense bisexual. Si, es cierto que sus aportes a la cultura no son tantos como los de Michel Foucault (nació el 15 de octubre de 1926), y Oscar Wilde (nació el 16 de octubre de 1854). También estoy segura de que les gana en popularidad, era la temible T-X en Terminator 3, papel por el que fue nominada al premio MTV de Cine 2004 en la categoría “Villana más Sexi”.

0 – Por cuanto y de facto me embarcaron

a) La institución: Estás casi dormida junto a tu hijo, ponderas la agenda republicana del serial “Bones” y el conflicto ideológico interior subsiguiente, cuando suena el celular. ¿Oigo? ¡Oh! Luisa Campusano y “Encuentro Nacional de Crítica Literaria” en un minuto. ¿La Campusano tiene mi celular? ¡Oh!

b) La política: Creí por un instante que hablaríamos de ciencia ficción y fantasía. Eso es lo que yo hago en crítica literaria, esa es la literatura cubana que leo, pero como ando por ahí besándome con profesoras de marxismo en la Plaza Vieja y encima digo que eso es política… “graduada del ISA” + “activista LGBTQ” = “apta para hablar de diversidad sexual”. ¡ Merecido lo tengo!

c) La amistad: Entonces recuerdo que soy socia de un gente “apasionada por la tranca” y/o “que están fuertecitas”. Escriben, se quejan de que no hay crítica, que nunca se habla de “aquello” con seriedad.

d) El deber: Enumeras en tu mente a quién pasarle la bola. Norge seguro hablará de Virgilio, Luis Yuseff y Nelsón Simón están lejos de La Habana, a Frank Padrón Nodarse no le saques del cine, Curbelo sigue en la traducción de poesía antigua de cochinadas… el diez de esa lista es Rufo, pero está en el cielo con diamantes… ¡Dale! Te toca al bate nena.

e) La ética: Ahora que estoy aquí y cumplí con lo orientado, puedo exigir que la próxima vez me llamen para hablar de literatura fantástica, que de eso si hay crítica, revistas orgánicas y hasta etcéteras.

1 – La luz no es blanca, solo lo parece

La Óptica es la rama de la física que estudia la transmisión de la luz. Es necesario su estudio en todas las carreras universitarias para que el cuerpo docente y su alumnado sean conscientes de: a) la utilidad de la matemática en la vida cotidiana, b) la naturaleza material del universo -incluso de lo que parece intangible-, y c) lo engañoso de las apariencias.

La demasiada luz de la Calzada de Jesús del Monte no tiene solo un color, sino siete, y hablo solo de los visibles. Franjas que no registra el ojo humano promedio se extienden en las longitudes de onda mayores que el rojo e inferiores al violeta. El infrarrojo, en especial, mantiene vivos a muchos dinosaurios ideológicos y a quienes diseñan gafas de visión nocturna para uso militar -no se preocupen, que Dios salvará las almas de los niños que destrozarán las bombas y el napalm.

Igual que la luz, la sociedad cubana no es blanca, solo lo parece. Ya en la línea de aclarar apariencias, tampoco es masculina, habanera, urbana, heterosexual, laxamente cristiana, feminista y de izquierdas -porque n=7. Solo lo parece. ¿Por qué lo parece? Porque quienes nos la muestran seleccionan y jerarquizan los mejores componentes de la nación, según su criterio. La literatura cubana tampoco es blanca, masculina, urbana, heterosexual, laxamente cristiana, feminista y de izquierdas -porque n=7, solo lo parece. Fíjense que al centro de la novela nacional hay una mulata más bien arribista y un criollo tarambana de dudosa masculinidad. Les rodean un multioficios con problemas para controlar la ira, una señorita que quiere opinar en asuntos de hombres, una familia con tendencias al incesto y ¡una riada de esclavos y esclavas felices de serlo!

Otros textos famosos del patio nos presentan a mártires adolescentes de Nubia, cárceles con jamaiquinos bisexuales, rusas que ponen escuelas de ballet en Habana Vieja, febles burgueses de Santiago de Cuba, milicianos que tienen miedo de serlo, demasiada comida y aun más sexo, canibalismo con efebos, tiroteos mafiosos en La Habana o políticos en Santiago de Cuba, campesinos que nos cuentan cómo se va caminando a México. Más cerca en el tiempo, hay becarios enamorados de gordas, mujeres que emulan a Ofelia, viajes estelares con intercambio de parejas, militantes amiguitos de maricones, universitarios que oyen música a escondidas, traficantes de carne, negras que hablan con Isabel de Bovadilla, detectives fanáticos de Hemingway que buscan documentos de Heredia, gente que se va y es buena, apagones, practicantes de todo tipo de supersticiones africanas, amantes de hijos de diplomáticos checos, gente que regresa, ancianas que agonizan porque el retiro no alcanza, escritores que no escriben realismo socialista, y hasta travestis que lloran porque la vida es una cabrona.

Bien mirada, parte significativa de la literatura cubana apenas contiene esos atributos del areté necesarios a un pueblo enérgico y viril, que llora y hace temblar los precios del mercado mundial. ¿Por qué lo parece? Porque, quienes nos la muestran, seleccionan y jerarquizan los mejores componentes de la literatura, según su criterio. Es un ejercicio crítico esa infame Historia de la Literatura Cubana. Así es la crítica desde el poder.

Esa nación imaginada, ¿ese recorte de la realidad?, se asimila y comparte en simbolismos miles, de tal forma que quienes estamos en la nación real y no en la imaginada dudamos de nuestra existencia.

“¿Qué estrategias desarrollamos para cruzar, para llegar a ser otros? Al menos al principio, el cuerpo debe mutar hasta el dolor para que su otredad no se traduzca en precariedad, para no devenir «excluido». Te doblas, te estiras, te tuerces, cambias la voz, los gestos, los acentos, la dieta, la ropa, la escritura: buscas pasar por uno de ellos, los poderosos que viven al otro lado de la frontera, al otro lado del desierto de cosas y sentidos que es la identidad [nacional]”.

10 – Si miras muy de cerca la Óptica, te encuentras con el Mundo Cuántico

El 28 de febrero de 1986, Dios le regaló por su cumpleaños a un joven escritor el relato “Figuras en el lienzo”. Con ese cuento aprendí una lección fundamenal de la estética marxista: la relación con la obra de arte es filtrada por el pasado y presente político de quien observa. Años antes de conocer a Sacha personalmente -fue gracias al mulatico ese de los milicianos acomplejados-, su ficción me hizo comprender que mi mirada no era “errónea”, sino “singular”. Claro que “singular” no significa “legítima”, yo estaba lejos de ser quien soy ahora.

Cuando analizas la luz con mucha atención, encuentras partículas. Están dentro de la luz, pero no son los ladrillos de la luz. Esas cosas hiperchirriquiticas ya no se rigen por las reglas de la física “de lo grande”, existen con reglas propias, que no podemos predecir más que estadísticamente: es el mundo cuántico. Tener certeza de la imposibilidad de saber con certeza qué pasaría fue un golpe duro para parte del gremio de la física.

Encuentro esta prevención extremadamente valiosa para el ejercicio de la crítica: la certeza de la imposibilidad de saber con certeza. ¿Acaso podemos conocer perfectamente al otro? ¿Cómo podemos entonces dictar cátedra sobre sus motivos o revelar claves para la lectura? Peor aún: reconocer la singularidad de cada vida, ¿no cancela la posibilidad de imaginarios colectivos? Este es el drama de lo queer. Soy singular y soy legítima. Mi historia intelectual es mi historia política tanto como la sexual, culinaria, o cinematográfica. No hablo de la sexualidad de los personajes -en la que rara vez se detiene la crítica cubana sin carnet de feminista-, hablo de la sexualidad de quien escribe. ¿Qué vas a hacer con ello? ¡Fácil! Nadie tiene sexualidad.

Por ejemplo, si no te lo dicen en un programa de TV de promoción con preguntas superficiales y obvias, tardarás en saber que debemos la música del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano a la sexualidad de dos poetas del Grupo Orígenes. Una crítica literaria asexual es espacio seguro, porque la indecencia también anida en lechos heterosexuales. Pero lo asexual, ¿da fruto? ¿Puedes explicar ciertas referencias de la poesía, el sesgo de un personaje, el súbito abandono de un tema investigativo por otro, sin detenerte siquiera un instante en los amores, odios y azares de quien firma el texto que analizas? Importa el análisis literario, cierto, pero ¿existe un verdadero análisis literario sin el correspondiente análisis de la vida concreta que produjo esa literatura? Si hemos de juzgar por el valor que se da a la papelería y elementos de la vida cotidiana para la investigación bibliográfica, las cuentas por cobrar, las cartas de amor y los sonidos de aquel día en la ciudad contribuyeron a ese libro en tus manecitas de hombre fuerte. Debes reconocerlo y compartirlo.

11 – Si miras de lejos la Optica, podrás ver el Electromagnetismo

Al menos en Cuba, ese deber ser de la crítica, que reconoce la singularidad de la experiencia personal como elemento constitutivo de los móviles y referentes volcados en la obra, no se practica. Ni siquiera tenemos a su sustituta vulgar: la crónica social -sobre eso volveré luego. Lo que tenemos, lo que nos sobra, es consciencia histórica. No hay modo de escribir una reseña -seria- sin que te preguntes si a esta generación le influyó más el Quinquenio Gris o el Periódo Especial. Lo vemos todo en grandes dimensiones socioeconómicas y geopolíticas. Siempre se puede mirar al pasado.

Al dar un paso atrás y tratar de poner la luz en perspectiva, descubrimos que es un tipo especial de onda. Básicamente porque cuando la pasas por un prisma, te sale un arcoiris. El Electromagnetismo es una de las cuatro ramas de la Física, la Física estudia las Leyes del Universo. De ahí esa afirmación tan inmodesta: un físico puede hacerlo todo, y con un poco de entrenemiento, mejor que casi todo el mundo. Frase extrañamente oportuna para autodefinir el caracter nacional.

El problema es que la crítica literaria, aunque indudablemente necesitada de la comprensión del contexto objetivo general de donde salen sus objetos de estudio, no puede existir solamente desde la perspectiva “macro”. Es cierto, Guillermo Vidal y yo compartimos el Periodo Espacial de Cuba ¿y qué? El era un viejo de Las Tunas y yo una niña de Regla. ¿Qué compartimos aparte de los apagones y el descrédito del sistema informativo de la televisión cubana?

Por eso hay que enseñar Óptica, para que la idea del arcoiris -la latencia de una naturaleza material más amplia que lo que el ojo ve- acompañe todo el tiempo el acercamiento al mundo, para naturalizar el ejercicio sistemático de la crítica, derrumbar la idea de “lo eterno” e instituir la de Revolución Permanente. Para que quien critica sepa que debe pensar lo erótico, lo religioso, lo musical, lo gustativo, lo arquitectónico, lo científico, lo institucional, lo climático -porque n=7-, como parámetros que construyen todo el tiempo a esa persona cuya obra lee, la persona a quien servirá de puente hacia el público.

Si el término les parece troskysta, es porque lo es, y si alguien les acusa de politizados, siempre pueden mentir con algo como “me refiero a una Revolución Permanente no en nombre de ese terrible mal del siglo XX que fue la Ideología, sino en nombre de esa verdad eterna que es la Dialéctica Científica”.

100 – Entre el quark – queer y la onda – política

En el número treinta y ocho de la revista Extramuros, se publicó el dossier “Desbordes de lo Homoerótico”, resultado directo del primer Curso de Literatura Cubana LGBT, que organizaron Norge Espinosa y Victor Fowler a principios del 2015. Hay allí un esbozo de cronología de lo homoerótico en el espacio intelectual cubano, desde la “Carta crítica contra el hombre mujer” de 1791 hasta el estreno de “Antigonón, un contingente épico” en 2013. Al releer el periodo de 2008 para acá -cuando regresé, tuve un hijo, me metí en política o lo que sea que hace Proyecto Arcoiris-, me dolió no sorprenderme del poco impacto mediático de lo mucho hecho. La crítica calla, o habla, pero no en los medios masivos de comunicación.

“¿Qué necesitamos?” le pregunté en broma a un escritor a propósito de la promoción, la falta de popularidad y, claro, de ventas.

“Necesitamos fanáticas acampadas en los bajos de la casa de Leonardo Padura, y Cuba Dice entrevistándolas para el Noticiero Estelar. Necesitamos que te pelees con esa escritora a la que acusas de homofóbica en tu último ensayo, que la policía las lleve presas y el video, hecho con celular, circule por el PKT.”

“¿Dices que necesitamos frivolidad?” traté de concretar.

“Buena frivolidad” aclaró, “de la que engancha a la gente y le hace moverse. Los escritores en Cuba no tenemos rostro, a no ser Padura o Chavarría. Los libros en Cuba son accesibles, pero la gente no sabe de qué tratan, o si sus autores tienen ideas que les interesan.”

“¿Buena frivolidad?” trato de procesar eso. Me dijeron frívola en primer año de la universidad, estoy segura de que eso es un insulto entre intelectuales.

“La seriedad no nos ha dado mucho ¿o si?” justo pasábamos delante de una librería polvorienta.

“No” admití.

Pero esa frivolidad que ambos queremos es real y simbólica. Se refiere a la aceptación de la crítica -feroz, descarnada, ideológica, con ideas ofensivas que tendrán respuestas a la altura, o no-, pero no crítica literaria, sino crítica social que exista como parte orgánica del tejido de la nación. Sin derecho a la crítica a la Asamblea Nacional del Poder Popular, la política impositiva, o la producción y distribución de uniformes escolares cada verano, ¿para qué sirve la crítica literaria? ¿Cómo se hace una crítica que ponga a la literatura en su contexto social, si este no es descrito también de modo critico?

¿Cómo hablo de Guerra de Dragones (Eric Flores Taylor y Jesús B. Minsal) sin hablar de militarismo, de violencia sexual, de las castas que viven de la guerra y por eso las prolongan?

¿Cómo hablo de Donde el Diablo puso la mano (Nonardo Perea) sin mentar la crisis demográfica, la migración, el aislamiento de las comunidades de montaña?

¿Cómo me refiero a La Noria (Ahmel Echevarría Peré) sin ajustar cuentas con la discrecionalidad de nuestro Estado y la indefensión de la ciudadanía frente a quienes ejercen, desde la sombra, su ingeniería social?

Coda

“… porque si está la bandera, no se, yo no puedo entrar.” No.

Yo quiero muchas banderas, y entre esas banderas estarán algunas de las mias: la de afrodescendiente, la de geek, la de bisexual, la de mujer, la de reglana, la de teatróloga, la de madre -porque n=7. Entonces la crítica me mirará sin espavientos-como ya pedí hace años es esta misma sala “Rubén Martínez Villena” de la UNEAC un día de mayo-.

Para todo eso sirve la Óptica Aplicada.

La Habana, 7-8 de octubre de 2015

Tomado de En 2310 y 8225

Acerca de proyectoarcoiris

este es un proyecto para promover la visibilidad de la comunidad LGBTQ de Cuba.
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