Activismo LGBTIQ, un debate en Cuba

La lucha por los derechos y el respeto a personas homosexuales, bisexuales y transgénero en Cuba cuenta hoy con mayor visibilidad. Organizaciones, redes, blogs y voces independientes dan color y forma a un activismo que tiene ante sí múltiples retos. Activismo LGBTIQ, un debate en Cuba reúne voces reconocidas dentro del ámbito nacional, como el doctor Alberto Roque, la afrofeminista Sandra Álvarez, el poeta Isbel Díaz Torres y el bloguero Francisco Rodríguez Cruz.

¿Crees que el activismo LGBTIQ está cambiando la manera de hacer política en Cuba hoy? ¿Por qué?

Alberto Roque

El activismo LGBTIQ tiene una débil influencia en la manera de hacer política en la Cuba de hoy. En términos de participación, no hemos sobrepasado los momentos primarios que se circunscriben a la elaboración de demandas y a utilizar las pocas coyunturas de consultas realizadas por parte del Estado y el Partido.

Sin embargo, no debe ignorarse que se han diversificado los modos de abogar por políticas, tanto a niveles institucionales como en espacios no institucionales. Se han generado liderazgos múltiples desde una perspectiva de derechos humanos, con diversidad de enfoques, y lleno de contradicciones y resistencias que son propios de los procesos de cambio social y político.

El activismo LGBTIQ cubano ha tenido que bregar con un economicismo apabullante que retrasa la formulación de las políticas sociales urgentes, con resistencias y dogmas ostensibles y con una despolitización de los grupos de sujetos que debieran beneficiarse con estas políticas.

Noto una banalidad en el activismo LGBTIQ que pacta con los enfoques asilimacionistas a nivel institucional. Se forman numerosos activistas, pero no se logra vencer la inercia de la catarsis y pasar a propuestas más radicales, transformadoras e integradoras.

El Partido expresó, entre de sus objetivos, eliminar todas las formas de discriminación, y las políticas no van en la misma dirección. No basta con una jornada contra la homofobia en mayo y después sepultar el tema en nombre de una supuesta unidad que paraliza y pretende homogenizar el pensamiento. Las políticas no favorecen llevar el debate trasformador y revolucionario a las calles ni siquiera desde los programas institucionales.

Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez

No sé, la verdad.

Isbel Díaz Torres

No me parece que el activismo LGBTIQ esté cambiando la manera de hacer política en Cuba hoy. En su esencia, la actividad política, al menos la legalmente reconocida, permanece en manos de determinados sectores e instancias oficiales, dejando a un lado (cuando no silenciando) una tímida y precaria actividad de actores independientes. El activismo LGBTIQ, por ejemplo, no logró colocar el tema de la discriminación en el ámbito laboral dentro del nuevo Código de Trabajo, a pesar de que muchos y muchas lo planteamos en nuestras asambleas; sino que lo logró la diputada Mariela Castro. Ello no significa, por supuesto, que no exista un activismo LGBTIQ desde la sociedad civil; pero su influencia real permanece casi nula, como consecuencia del actual ordenamiento socio-político de la isla.

Francisco Rodriguez

Me parece demasiada pretencioso afirmar tanto. Preferiría decir que aporta una nueva arista para hacer política, tan válida como otras muchas inquietudes sociales. La política en Cuba, durante décadas, fue muy reafirmativa, de apoyo y respaldo a grandes causas nacionales casi incuestionables, y casi siempre en sentido positivo cuando hacían referencia a problemas internos. Por ejemplo, decir que estamos en contra de algo, aunque ese algo sea la homofobia, ya de por sí suena muy distinto en el espacio público cubano. Rescatar en un sentido crítico y revolucionario la noción de los derechos humanos, término que nos quisieron secuestrar desde la derecha por intereses políticos, es otro mérito indiscutible de nuestro activismo. Y hasta la propia idea de ser activista era bastante inusual, quizás en nuestro contexto ciudadano, antes de la visibilidad de los reclamos para las personas homosexuales y trans.

¿Qué temas incluirías en una agenda política LGBTIQ cubana?

Alberto Roque

Desde mi modesto entender, lo primero es establecer una estrategia que desarticule los principios del poder patriarcal y heteronormativo que atraviese todas las propuestas concretas en términos de políticas.

Siento con pesar que seguimos luchando por migajas que la cultura y el Estado nos ofrece, pero no vamos a una transformación cultural y estructural sobre las bases ideológicas que originan las discriminaciones. Por tal motivo, el activismo sigue siendo parcelario y fragmentado.

Los temas son múltiples y complejos, pero la incidencia política se realiza desde la realidad existente. Mis modestas propuestas son generales, pretenden evitar la fragmentación e irían en la combinación simultánea de estos puntos:

· Promover una agenda antidiscriminaciones que permita desaprender los mecanismos que perpetúan las discriminaciones, tanto en la sociedad civil como en la sociedad política. Ello requiere de transformaciones institucionales y sociales y de un verdadero compromiso revolucionario y anticonservador que erosione las hegemonías. Es decir, sería una agenda que incluya la singularidad y necesidades complejas de los grupos identitarios, pero al mismo tiempo transforme la visión hegemónica desde los grupos oprimidos y de sus relaciones con los opresores.

Dicho más concretamente: no vale la pena luchar por el matrimonio igualitario si los marcos jurídicos e institucionales y la manera en que se implementa en el ámbito privado sigue siendo asimétrica y con esencias heteronormativas. Más bien deberíamos tomar conciencia sobre la necesidad de la desaparición del matrimonio y refundar y legitimar nuevas formas de uniones y parentescos.

Tampoco tiene sentido que se contemplen los derechos de las personas gays, lesbianas y trans en el trabajo, las familias, los cuerpos armados, entre otros, si no se lucha consecutivamente por la eliminación de la discriminación racial, por género binario, por discapacidad, por seroestatus al VIH, por nivel de riqueza, entre muchas otras que pueden coexistir en una misma persona o en numerosos grupos humanos.

· Implementar una estrategia que permita construir ciudadanías múltiples y fluidas. Ello incluye que somos sujetos sociales y políticos no porque la Ley nos nombra, sino porque formamos parte de procesos transformadores que operan constantemente. Ser ciudadana o ciudadano sobrepasa el hecho de disfrutar de derechos civiles, políticos, económicos y culturales, pues también tenemos cuerpos, sexualidades y otros determinantes que enriquecen y difuminan lo que se definió como Ciudadanía en la Modernidad.

Para mí es crucial tomar conciencia, en primer lugar, de ser ciudadano o ciudadana, pero en una dimensión más compleja e inconforme, que supere las estrechas etiquetas que nos clasifican.

Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez

Ahora mismo incluiría los siguientes temas, en ese mismo orden:

Matrimonio Igualitario
Maternidad asistida para las lesbianas.
Adopción

Isbel Díaz Torres

La lucha por una legislación sustantiva que legitime nuestros derechos y nos proteja de manera efectiva de las discriminaciones en los ámbitos públicos, institucionales, familiares, así como servicios públicos de la economía estatal y privada; insertada en una Ley General Contra las Discriminaciones.

El libre acceso de grupos civiles (no estatales) a los medios de comunicación para desarrollar campañas públicas contra la discriminación, amplificar las demandas, visibilizar nuestra realidad y problemáticas, y construir comunidad.

La demanda por la libertad de asociación con amparo legal, que estimule el crecimiento y organización de la sociedad civil sensibilizada con la promoción y defensa de nuestros derechos.

El reconocimiento legal de las familias homoparentales, base fundamental para una necesaria legalización futura de la adopción y acceso a los métodos de reproducción asistida.

La necesidad de un cambio de estrategia para garantizar el reconocimiento de las uniones legales en parejas homosexuales (dado el evidente fracaso de la iniciativa promovida por el CENESEX, la FMC, etc., que ni siquiera ha llegado a la Asamblea Nacional para su evaluación), de cara al inminente cambio constitucional que se cocina ahora mismo de espaldas a la gente.

La exigencia de investigaciones públicas y accesibles que describan la situación de los individuos LGBTIQ, así como la estructura de sus posibles familias, sus necesidades y aspiraciones (recordemos el censo homofóbico en 2012).

La lucha por el acceso de las personas transgénero, fuera de la capital cubana, a tratamiento especializado y terapias hormonales en sus propios territorios y en sus propios términos. Esta situación es crítica fuera de la capital.

Francisco Rodriguez

No me creo con el derecho a incluir o excluir nada a nombre de terceros. Como activista, mi agenda política sería toda causa progresista global y nacional que mejore la sociedad cubana y sea en beneficio de todas las personas. Esto incluye los derechos de cualquier grupo que esté en desventaja social, y en particular de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex, porque es el área de experiencia que tengo más cercana a mis vivencias personales, sin renunciar a denunciar cualquier otra injusticia, en cualquier zona de la vida humana, me involucre o no directamente.

Son infinitas las insatisfacciones y expectativas que podemos tener en ese mejoramiento y conquista de derechos, que pasan tal vez por dos ejes fundamentales: la abogacía y la educación cívica. Me parece reduccionista hacer listas de conquistas puntuales a alcanzar, porque podría ser desmovilizador en algún momento, ya sea porque las consigamos, o porque no logremos su concreción con la velocidad que quisiéramos. Dicho de otro modo, para mí como hombre gay cubano es tan importante el fin del bloqueo contra Cuba, como el reconocimiento y amparo legal de todas las familias; el éxito de la actualización del modelo económico, como la educación en el respeto a todas las orientaciones sexuales y identidades de género; el perfeccionamiento de la democracia socialista, como las leyes y políticas antidiscriminatorias e inclusivas para todas las personas, por cualquier motivo.

¿Cómo vez la participación de las y los activista por los derechos de la diversidad sexual en otras causas? Por ejemplo: la lucha contra la violencia de género, el feminismo, la lucha contra el racismo, la participación en proyecto políticos

Alberto Roque

Pobre y fragmentada. Salvo personas aisladas, con verdadera vocación transformadora y emancipatoria, la mayoría de los activistas y sus líderes y liderezas no siguen este enfoque.

Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez

Al menos los activistas que me son más cercanos –por ejemplo, los de Arcoiris– militan en varias causas a la vez o defienden al mismo tiempo varios temas. Creo que tiene que ver no solo con su calidad como seres humanos, sino también con la posibilidad de ponerse en el lugar del otro y ser empático. En el activismo más consciente se aprende solidaridad y sonoridad, así como dejar de ser protagonista para darle ese rol a la persona en cuestión que vive la situación, pero siempre brindando apoyo y teniendo consideración. Además, muchos de nosotros vivimos varias realidades a la vez.

En mi caso particular, ha sido el feminismo el que me ha permitido acercarme a varios temas, los cuales van desde los derechos de niños, niñas y adolescentes, hasta la ecología, aun cuando haya algunos donde tenga posiciones más definidas y otros donde me lo estoy repensando cada día.

Isbel Díaz Torres

Ciertamente, algunos de los proyectos e individuos cercanos a mí (y yo mismo) militan o participan en otras causas como las que señalas. No obstante, persiste una mirada y un modo de hacer que refuerza las fronteras entre estas temáticas o luchas. Ha sido difícil desarrollar un activismo interseccional, que logre abarcar dos o tres áreas. Quizás en las relacionadas con el feminismo y la lucha contra el racismo sea posible identificar personas que, a conciencia, se presentan en toda su complejidad y conflictividad, y que entienden que la única garantía de éxito es cruzar las luchas, ganar en fuerza y legitimidad, sumar gente. El Proyecto Arcoíris, que se declara anticapitalista e independiente, ha tenido que explicar continuamente a otros activistas LGBTIQ el porqué de la necesidad de entendernos como proyecto político anticapitalista. Y créeme, no siempre hemos logrado que nos comprendan y/o acepten como tal.

Francisco Rodriguez

Es un deber elemental, tan natural como respirar, alimentarnos o tener relaciones sexuales, con la diferencia quizás de que asumirlo exige que nos preparemos y estudiemos para abogar también por esas otras causas. Lo podremos hacer con mayor impacto y efectividad en la medida que tengamos más y mejor información, sensibilidad y generosidad hacia las otras personas, y valor y sentido autocrítico para enfrentar nuestros propios prejuicios.

¿Crees que es importante la participación política desde una identidad sexual? ¿Por qué?

Alberto Roque

Puede tener valor estratégico desde el punto de vista político, pues así se estructuran las sociedad civil y la política. Pero no se llegará a emancipar al ser humano si no se considera la coexistencia de múltiples identidades y que la identidad es puro cuento subjetivo, mera ilusión que hace factible controlar a grupos humanos. El asunto de las identidades es tan serio y conveniente que muchas personas creen que es algo natural y preconcebido.

Por eso me referí a las migajas del Estado más arriba. Se reconoce la existencia de un grupo humano oprimido, se dictan leyes, se implementan políticas, pero en la realidad concreta estos grupos siguen reproduciendo las bases discriminatorias que aprendieron y los que oprimen tampoco modifican sus esencias discriminatorias. Tenemos la sensación de ser más libres, de que la equidad existe, pero seguimos siendo profundamente desiguales.

Ni mi experiencia vital ni las de muchas personas están ancladas a una identidad estable, inamovible. Somos más que gays, lesbianas, hombres o mujeres; somos seres humanos.

Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez

Sí y no. Empiezo por el No. La participación política no depende de la identidad sexual, sino de nuestra condición de ciudadanos y sujetos políticos de manera que, teóricamente, desde mi identidad sexual no tendría nada que pedir, pues solo con el hecho de ser un ser humano –valga la redundancia– ya me sitúa como una ciudadana política con derechos a defender, vivir y ejercitar. Sin embargo, en el patriarcado se necesita tomar la identidad sexual (y no solo esta) y, a partir de ella, participar para lograr los derechos que nos son escamoteados por la hegemonía heteronormativa. No obstante, sería ideal poder salirnos de nuestras identidades particulares para crear redes de trabajo, creo que el enemigo en común es el capitalismo y contra eso se puede y se debe trabajar, teniendo en cuenta un proyecto político consistente, donde se tengan en cuenta todas las discriminaciones posibles.

Isbel Díaz Torres

Creo que al menos para las personas LGBTIQ sí es importante la participación política desde una identidad sexual, dado que ese sería el primer elemento que otorgaría legitimidad para nuestra lucha específica. El posicionarnos como LGBTIQ es ya una declaración, una denuncia a un estado de cosas desde donde se nos mira con sospecha, recibiendo, cuando más, ¿tolerancia? hipócrita disfrazada de civilidad. Decir ¿soy gay? es decir: ¡sé que no me aceptas, pero eso no me detiene, porque tengo la dignidad del excluido, del que lucha para sobrevivir, y ningún argumento justificativo que construyas me va a separar de esta lucha!

Por otro lado, tal auto-reconocimiento público es además el primer paso para justamente ir mezclando las diferentes luchas en las que se participa, y lograr que después exista una coherencia a la hora de intentar proyectar acciones conjuntas entre varias líneas de acción o trabajo.

Francisco Rodriguez

Sí, siempre que sea útil para cuestionar el poder heteronormativo, patriarcal, machista, homofóbico y transfóbico; y eso creo que ocurre casi en cualquier circunstancia de participación política, hasta si queremos defender la protección del medio ambiente o cualquier otro motivo que nos pueda parecer distante del campo de la sexualidad. Porque, en el fondo, todo tiene que ver con todo.

¿Cuánto puede beneficiar el activismo LGBTIQ al espacio público cubano y al proyecto país?

Alberto Roque

Cualquier beneficio debe pasar por una reformulación del activismo LGBTIQ que estamos construyendo. Las siglas en sí mismas son la primera limitante. Además, la colocación de la Q de queer con el resto de las identidades es una trampa asimilacionista, como también lo es la H de heterosexuales.

Para hablar de beneficios deben superarse las arcaicas tensiones que generan las interpelaciones de determinados grupos humanos a las políticas y a la propia tradición cultural. Un proyecto de país incluyente y participativo debe contemplar y potenciar la libertad para transformar la realidad en pos del mejoramiento humano. La existencia de activistas es un hecho notable en este empeño, pero todo depende del rumbo que tomen sus iniciativas.

Sandra Abd’Allah-Alvarez Ramírez

Decididamente, este activismo es el que ha puesto determinados temas encima de la mesa y ha logrado momentos nunca antes pensados, como aquel incidente que protagonizaron una serie de activistas, quienes denunciaron el voto de Cuba en la Naciones Unidas [http://paquitoeldecuba.com/2010/11/28/carta-abierta-al-canciller-cubano-o-%e2%80%9cno-nos-equivoquemos-otra-vez%e2%80%9d/]. Del mismo modo, está lo que sucede ahora con lo del KingBar [http://proyectoarcoiris.cubava.cu/2015/06/batalla-vs-kingbar/], nuevamente vienen a ser los activistas de proyectos LGTBIQ quienes han estado en la vanguardia. Sencillamente, hay temas que si no parten de quienes lo viven, no llegarían al espacio público y ahí está la trascendencia del papel de estos proyectos. Si en Cuba se aprueba un día el matrimonio igualitario, será algo se deberá estrictamente a estas personas; sin embargo, todas podrán beneficiarse de ello. Alguien me dijo una vez que cuando se abre una puerta se abre para todos y todas, porque una nunca sabe quién se beneficiará.

Isbel Díaz Torres

El activismo LGBTIQ beneficiaría mucho a la Cuba que soñamos. En primera instancia, esa ¿diversidad? que somos es, justamente, parte de la diversidad que reclama a gritos este proyecto político, durante décadas caracterizado por el pensamiento único y amordazado por un manipulado concepto de unidad, que ha sido sinónimo de exclusión, censura y autoritarismo. Además de esa ¿diversidad intrínseca? que se refiere a la cuestión erótico-sexual y de género, aparece ahora este tímido activismo independiente, que incluye entonces posicionamientos disidentes ya no solo en lo erótico-sexual, sino en sus proyecciones políticas y sociales, conectado con lógicas alter-mundistas y emancipatorias que trascienden el viejo esquema político cubano, y que podría ser modelo a seguir para articular la ciudadanía en un nuevo esquema participativo, democrático, inclusivo y plural. Solo un ejemplo: la práctica del activismo LGBTIQ cubano ha insistido en la necesidad de sumar (no excluir) a las personas heterosexuales en los modelos de sociedad que soñamos.

Francisco Rodriguez

Mucho, porque es la respuesta ciudadana a uno de los tantos focos rojos que nos llaman a mejorarnos como seres humanos, capaz de generar acciones individuales y colectivas que refuerzan la solidaridad y el civismo, valores que muy posiblemente sean las claves para una sociedad justa y equitativa, con individuos más plenos y libres.

Tomado de SEMlac-Cuba – Diversidad Sexual

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Acerca de proyectoarcoiris

este es un proyecto para promover la visibilidad de la comunidad LGBTQ de Cuba.
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